Hay preguntas de entrevista que parecen inocentes y te dejan en blanco medio minuto. «Háblame de ti», «¿dónde te ves dentro de cinco años?», «¿cuál es tu mayor defecto?». Las has oído mil veces y aun así, cuando las tienes delante, el cerebro se pone en modo ahorro de energía. Lo bueno es que son casi siempre las mismas, y que con un poco de preparación se contestan sin sudar.
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📋 En este artículo:
- Por qué el entrevistador hace siempre las mismas preguntas
- «Háblame de ti»: la respuesta que abre bien la entrevista
- Fortalezas y defectos sin sonar a manual
- «¿Por qué quieres trabajar aquí?» y «¿dónde te ves en cinco años?»
- Preguntas sobre salario y disponibilidad
- Preguntas que no te pueden hacer en España
- Las preguntas que tienes que hacer tú
- Lo que te llevas a la próxima entrevista
Por qué el entrevistador hace siempre las mismas preguntas
Quien te entrevista no busca descolocarte. Quiere responder a tres dudas muy simples: si puedes hacer el trabajo, si vas a encajar en el equipo y si vas a quedarte más de seis meses. Cada pregunta, por rara que suene, intenta resolver una de esas tres cosas.
Un ejemplo de la vida real: en un proceso de selección para una cadena de supermercados, el responsable de tienda suele pasar de cinco a diez minutos por candidato en la primera criba. No hay tiempo para filosofar. Si cuando te preguntan por tu experiencia empiezas con un rollo de dos minutos sobre tu infancia, la sensación que dejas es de falta de foco, aunque sea injusto.
Lo más llamativo es que la mayoría de candidatos prepara el currículum con mimo y la conversación con cero ensayo. Y la entrevista, en la práctica, pesa mucho más que el papel.
«Háblame de ti»: la respuesta que abre bien la entrevista
Esta pregunta es un regalo disfrazado de trampa. Te dan el micrófono y te dejan elegir de qué hablar. El error clásico es contar tu vida entera en orden cronológico. El acierto está en resumir en 60-90 segundos quién eres profesionalmente, qué sabes hacer y por qué esa oferta encaja contigo.
Una estructura que funciona: presente, pasado, futuro. Primero, a qué te dedicas ahora o qué has estudiado. Después, dos logros o experiencias relevantes para el puesto. Y para cerrar, qué buscas y por qué esta empresa te interesa.
Imagina a Lucía, que ha trabajado tres años de camarera y se presenta a un puesto de atención al cliente en una aseguradora. Su respuesta podría ser: «Llevo tres años atendiendo a cientos de personas cada semana en hostelería, así que estoy acostumbrada a la presión y a resolver quejas sobre la marcha. Quiero llevar esa experiencia a un entorno más estable, y vuestro puesto encaja justo con eso». Corta, concreta y con una idea clara.
Eso sí, no recites el currículum. El entrevistador ya lo tiene delante; lo que quiere oír es la parte que no cabe en el papel.

Fortalezas y defectos sin sonar a manual
«Mi mayor defecto es que soy demasiado perfeccionista.» Si has pensado en decir eso, para un momento: los entrevistadores lo han escuchado tantas veces que ya ni lo apuntan. Suena a respuesta de libro y, peor aún, a evasiva.
Funciona mucho mejor un defecto real, pequeño y con plan de mejora. Por ejemplo: «Me cuesta delegar cuando llevo mucha carga, así que ahora me obligo a pedir ayuda el primer día en lugar del tercero». Muestras autoconocimiento y capacidad de corregirte, que es justo lo que se valora.
Con las fortalezas, la regla es no quedarse en adjetivos. Decir «soy responsable» no dice nada; decir «en mi último trabajo cerré caja sin descuadres durante dos años» lo dice todo. Cada cualidad que menciones debería ir acompañada de una situación concreta.
«¿Por qué quieres trabajar aquí?» y «¿dónde te ves en cinco años?»
La primera pregunta mide cuánto te has molestado en informarte. Dedica quince minutos antes de la entrevista a mirar la web de la empresa, sus redes y alguna noticia reciente. Lo que pocos saben es que basta con mencionar un detalle concreto, como un proyecto, un valor o una apertura reciente, para destacar sobre candidatos que contestan con generalidades.
La segunda es la favorita de los manuales y, aun así, sigue saliendo. Nadie espera que tengas el futuro cerrado. Lo que buscan es que tus planes no choquen con el puesto: si optas a un empleo de almacén y dices que en cinco años quieres ser piloto, quizá sea sincero, pero no te ayuda. Algo como «me gustaría haber crecido dentro de la empresa y asumir más responsabilidad en mi área» es honesto y suficiente.
En la práctica esto significa que no hace falta inventarse ambiciones, solo mostrar que tienes ganas de aprender y no vas a salir corriendo en cuanto aparezca otra oferta.
Vídeo de Fernando Pena (licencia Creative Commons) con ejemplos de las preguntas más habituales.
Preguntas sobre salario y disponibilidad
«¿Qué pretensiones salariales tienes?» suele llegar pronto y pilla a mucha gente con el pie cambiado. Pedir de menos te perjudica y pedir de más puede cerrarte la puerta. La salida inteligente es investigar antes: mira ofertas parecidas en portales de empleo, consulta el convenio colectivo del sector (están publicados en el BOE o en los boletines autonómicos) y ten una horquilla razonable en la cabeza.
Puedes contestar algo así: «Según el convenio y lo que he visto para puestos similares, me muevo entre X e Y brutos anuales, aunque me interesa también conocer el conjunto de condiciones». Das un rango, no una cifra rígida, y dejas la conversación abierta.
Con la disponibilidad pasa lo mismo: sé claro con horarios, turnos y fecha de incorporación. Decir que sí a todo para caer bien y luego no cumplir genera mucha más fricción que una negativa a tiempo. Si tienes preaviso en tu empleo actual, dilo sin rodeos; a nadie le extraña que quieras salir bien de donde estás.
Preguntas que no te pueden hacer en España
Aquí conviene tener las ideas claras, porque a veces se cuelan. La Constitución española prohíbe la discriminación en su artículo 14 y el Estatuto de los Trabajadores, en su artículo 4.2, reconoce el derecho a no ser discriminado en el empleo. En la práctica, preguntas sobre si piensas tener hijos, tu estado civil, tu religión, tu orientación sexual, tu afiliación sindical o tu estado de salud sin relación directa con el puesto son, como mínimo, improcedentes.
¿Y qué haces si te las plantean? No hace falta montar un drama. Puedes redirigir con educación: «Prefiero centrarme en mi experiencia y en cómo puedo aportar al puesto». Muchas veces la persona que pregunta lo hace por desconocimiento más que por mala fe, y el tono tranquilo te protege sin cerrarte la puerta.
Si el proceso deriva en una discriminación clara, guarda mensajes y correos: la Inspección de Trabajo y Seguridad Social recibe denuncias, y un abogado laboralista o un sindicato te orientará con tu caso concreto. Cuando sea tu situación, consúltalo con un profesional, porque cada caso tiene matices.

Las preguntas que tienes que hacer tú
Al final llega el momento de «¿tienes alguna pregunta?». Decir que no es perder la oportunidad de demostrar interés. Ten preparadas dos o tres: cómo sería un día típico en el puesto, qué se espera de ti en los primeros tres meses o cómo es el equipo con el que vas a trabajar.
Evita arrancar por vacaciones o descansos. Son temas legítimos, pero mejor dejarlos para cuando haya una oferta sobre la mesa. Lo que sorprende es lo mucho que mejora la impresión de un candidato que pregunta algo concreto sobre el trabajo en vez de limitarse a asentir.
Y un detalle que se olvida: al terminar, pregunta por los siguientes pasos y los plazos. Te evita semanas de incertidumbre y demuestra que vas en serio.
Lo que te llevas a la próxima entrevista
Prepara una respuesta corta para «háblame de ti», un defecto real con su remedio, un dato concreto de la empresa y una horquilla salarial razonable. Con eso cubres el ochenta por ciento de lo que te van a preguntar. El resto es ensayar en voz alta, mejor delante de alguien que te dé opinión sincera, y llegar con tiempo para respirar.
La entrevista no es un examen donde te toca adivinar la respuesta correcta. Es una conversación en la que ambas partes comprueban si encajan. Si te acuerdas de eso, los nervios bajan bastante.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debe durar mi respuesta a «háblame de ti»?
Entre un minuto y minuto y medio. Menos suena a poco, y más de dos minutos suele dispersar al entrevistador.
¿Es legal que me pregunten si tengo hijos o pienso tenerlos?
No es una pregunta apropiada en una selección, porque puede suponer discriminación por razón de sexo o circunstancias personales. Puedes redirigir la conversación a tu experiencia o, si hay indicios claros de discriminación, acudir a la Inspección de Trabajo o a un profesional laboralista.
¿Qué hago si me quedo en blanco con una pregunta?
Pide un momento para pensar. Decir «déjame pensarlo un segundo» transmite calma y suele valorarse mejor que una respuesta atropellada.



